La llegada del sol
La llegada del sol
Nada basta cuando los sentimientos envuelven el alma.........
Cuentan que una vez una mujer en un pueblo remoto, se enamoró del sol. Ella podía mirarlo, y con eso se sentía felíz cada día. Ella esperaba cada mañana que su amor apareciera, eso cuando pasaba el invierno, puesto que su amor no la visitaba muy a menudo entre los meses de mayo y julio, sin embargo, a la mujer eso no le importaba, por que sabía que aunque su amado no estuviese físicamente ahí con ella, si alumbraba en otras latitudes, causaba alegría a otra gente, y compartía con cada nuevo día.
De tanto esperarlo en invierno sus ojos se habían llenado de tristeza, mas, el invierno pasaba y el señor sol no llegaba.
La mujer, ansiosa por ver y sentir a aquel maravilloso destello de vida para su alma, había perdido hasta el interés por otras actividades de su vida.
Los días llegaban, pero el sol no venía con ellos, y eso la ponía inmensamente triste. Sin embargo en su alma anidaba el consuelo de quien ama y pierde a su amor, y se decía a si misma, “ Un día vendrá, cuando menos lo imagines”. Fue así que en un día a mediados de agosto El regresó. Venía con la mejor de sus presentaciones, como si supiera que lo esperaban, como si se diese cuenta de lo amado que era en ese lugar. Fue hasta entonces que la mujer pudo respirar plenamente, lo notó por que al ver a su amor lanzó un suspiro que se escuchó hasta el cielo...ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh¡¡
El sol se quedó tranquilo y se dejó admirar por largas horas, hasta que de pronto habló y solo para despedirse hasta un siguiente día. La mujer, que ya estaba acostumbrada a la retirada temprana de su amor, respiró tomando aliento hasta el siguiente día.
Pero esta vez fue diferente, a ella sin querer se le arrancó una lagrima, que rodó por su mejilla, hasta diluirse en su piel, hasta ser parte de nada, y tal vez de todo.... del aquel organismo que existe solo por apariencia, por que lo esencial existe en el alma....
Ese fue el último día, la mujer no volvería a mirarlo desde abajo, ya no sería necesario que lo esperara, ya podría sentirse cerca de él, estar a su altura y en el lugar al que el vaya....
Dicen, los que vivieron en aquel pueblo, que desde entonces, el sol viene cada día, y que durante el invierno descarga por un minuto un rayo hacia el lugar de descanso de la mujer, que las flores permanecen vivas durante todo el año, y que la mujer se queda quieta contemplando durante horas a su amor en verano.
Fin.............
